Lost and Beautiful

Pulcinella, a foolish servant, is sent to present-day Campania to grant the last wish of Tommaso, a simple shepherd.

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Reviews

  • ★★★½ review by Blake Williams on Letterboxd

    Reviewed as part of an overview of Pietro Marcello for Cinema Scope here.

    This film is metaphorically obvious and in many ways pretty silly, but its (extremely earnest) emotional centre is steadfast and increasingly tragic, and its animism results in a deeper and more assertive humanism.

  • ★★★★½ review by Connor Denney on Letterboxd

    It only takes a few moments to realize that the opening shot of Lost and Beautiful is filmed from the point of view of a buffalo, the camera ostensibly tethered to the animal's head and thus completely under the control of a wild animal. Its jerky, faltering movements betray a confusion about what is happening and why men are forcing it to move from its current position, and the sound design permits the creature's heavy breathing—almost sounding, even in a makeshift theatre, as if it were coming from right behind the spectator—to reinforce this point. More importantly, by removing any authorial control over the shot and allowing the images to be created by an organism that could hardly know that he was responsible for the creation of a feature film, Lost and Beautiful allows true randomness to step in and control the film, albeit for a couple minutes at most.

    It goes without saying that this is no wholly original feat: films ranging from Back and Forth to Paranormal Activity 3 have experimented with taking the camera away from the humans. But with nothing programmable in the buffalo's movements, this is not a robotic, predictable course that can easily be worked around (to take away nothing from what might be the greatest scene in Paranormal Activity 3, itself a great film). It is true randomness, the buffalo's walk through the room spurred by his handlers but his last-minute pause and sudden head turn to gaze at another buffalo shortly before he reaches the exit surely impossible to choreograph.

    As with all documentary images, it would be foolish to claim with certainty that this randomness was not skillfully manufactured and even that it was not merely a simulated buffalo wielding the camera, but the exact mechanics matter not when the implication of freedom from human control is so manifest. This freedom comes to be the film's chief subject as Lost and Beautiful follows this buffalo, Sarchiapone, through multiple owners and handlers and multiple stages of life. It is rather foregone that the freedom experienced by Sarchiapone during his time with Pulcinella is destined to be temporary, as only Pulcinella is as attentive to his companion to be able to hear him speak and to be as attuned to his wishes. We are made to understand this through successfully integrated voiceover and a meandering narrative structure that at times feel as if the film hardly knows what direction it will go in next, its plot points feeling more nebular and nodal than linear. Similarly, experiential shots from Sarchiapone’s perspective are rather attuned to space and distance, as when the buffalo is tied up after having been stolen from Pulcinella. The vastness of his diegesis is augmented most when he loses access to it, and the starkness of the lighting in this moment is a canny use of foreshadowing for the film’s conclusion.

    When Sarchiapone is ultimately taken back into captivity after Pulcinella loses his ability to communicate with his friend, it might be easy to take the animal cruelty lesson at face value and read Lost and Beautiful as a boilerplate morality story. This is not to say that it cannot—or even that it should not—be taken at face value: there is nothing wrong with its bared, honest plaintiveness. But the harrowing desperation with which Sarchiapone resists being forced into a trailer in the film’s final moments and the transcendence of an extreme close-up on a single tear under his eye are images that have stuck with me, despite (and indeed, because of) whatever melodramatic impulses drove them. Something about the raw uncontrollability of the buffalo juxtaposed with the animal’s clearly manipulated emotional appearance speaks to the nobility and purity of nature. Even if these final touches might seem heavy-handed compared to the rest of the film, it is here that Lost and Beautiful most understands humanity’s relationship with its fellow species, and these moments are masterful finishing touches on a film that somehow manages to be both sobering and heart-wrenching.

  • ★★★½ review by ∆LX on Letterboxd

    El mundo avanza a pasos agigantados y lo hace dejando atrás o corrompiendo lo antiguo. Eso es lo que ocurre en Italia, con la caída de lo bello y lo tradicional, y algo que, en el caso del abandonado Castillo de Carditello, el pastor Tommaso Castrone quiere evitar. Bella y perdida es el testimonio de cómo algunos se dejan la vida por mantener todo aquello que merece la pena conservar, pero por desgracia esto se convierte en literal tras la muerte de Castrone durante el rodaje, convirtiendo al filme en su epílogo y homenaje. Semejante evento supone un punto de inflexión para las intenciones del director Pietro Marcello, quien acaba decidiendo dar la vuelta a su cinta y mezclar la realidad y la ficción con el uso de elementos fantásticos. Así acaba dando voz y convirtiendo en protagonista de su obra a la cría de búfalo que Tommaso estaba cuidando, con el objetivo de que la historia de su amo se mantenga viva y no quede en el olvido. Esto lo complementa a través del uso de la cultura italiana con la figura de Pulcinella, personaje típico de la commedia dell’arte, en toda una declaración de las intenciones culturalmente conservadoras de Marcello.

    Una vez reunidos, Sarchiapone (el nombre del búfalo) y Pulcinella emprenden un viaje lleno de escenas de cotidianidad rural, en un intento de enseñar la Italia bella y perdida, y estableciendo el pasado como un tiempo mejor y más puro que el presente. A través de estas imágenes se reflexiona sobre la relación del hombre con la naturaleza, el efecto del control absoluto que aspira tener sobre su entorno y cómo acaba siendo incapaz de conservar lo especial, hecho representado tanto en los escenarios naturales como, en última estancia, en el destino final de Sarchiapone. Una muestra del egocentrismo de la humanidad hacia todo lo que le rodea. Pero a pesar de esta visión negativa, el mensaje que queda es el de amor a la vida y respeto hacia lo bello. Una agradable oda a lo tradicional que también aparece en la estética, explicitándose con los bordes redondeados que aparecen como consecuencia de estar rodada en cinta de 16 mm y que trae frente a nuestros ojos una apariencia antigua que tiene mucho encanto.

  • ★★★★ review by Richard Gubbels on Letterboxd

    A bi-product of happenstance that is a wonderfully bizarre amalgamation of documentary work and fairy tales.

    Beautiful and confusing in so many ways...

  • ★★★★½ review by Carlota Moseguí on Letterboxd

    Los primeros versos del poema 'All’Italia' de Giacomo Leopardi son el punto de partida de la nueva película de Pietro Marcello, estrenada en la sección oficial del Festival de Locarno de 2015. La imagen alegórica de la patria italiana cual mujer hermosa, desconsolada y desorientada, que llora al no reconocer la gloria de su pasado desde su vergonzoso presente, es la fuente de inspiración de Bella y perdida, una película sobre la desacralización del país transalpino. El director de "La boca del lobo" inició el rodaje de lo que debía ser una road movie sobre la Italia más bucólica en Campania; concretamente, en los alrededores de Caserta, su pueblo natal. Este primer capítulo iba a ser un homenaje a la figura de Tommaso Cestrone, conocido por hacerse cargo voluntariamente de la Reggia de Carditello, un antiguo palacio monárquico, hoy abandonado. En el film, Cestrone evoca su propia figura interpretando a un pastor que cuida el desatendido patrimonio cultural. No obstante, su muerte, ocurrida de forma súbita durante la Nochebuena de 2013, hizo cambiar el curso de la película: tras este inesperado suceso, la percepción de una Italia bella y perdida se hacía aún más poderosa. Fue entonces cuando el cineasta napolitano modificó la estructura itinerante del film para concentrar la metáfora leopardiana sobre la bella e perduta Napoli.

    Este film conmovedor pone en evidencia la miseria, la pobreza y la corrupción de una comarca: tres grandes males que sepultan el fulgor histórico y literario de antaño. Sin embargo, Bella y perdida no habla de pastos envenenados y aguas contaminadas, como sí denunció Mateo Garrone en Gomorra. Como en "As Mil e uma Noites" de Miguel Gomes, esta película hace uso del imaginario mitológico para documentar la cruda realidad en unas tierras infecundas y subdesarrolladas. Asimismo, el largometraje mezcla su propósito documental –exhibiendo metraje de protestas reales sobre el estado de la Reggia borbónica o las víctimas de la Camorra– con un halo fantasioso, logrado través de la voz en off (a cargo de Elio Germano) de un pequeño búfalo que posee poderes mágicos e ideales puros que no coinciden con la degradada mentalidad contemporánea.

    El búfalo, bautizado erróneamente con el nombre de Sarchiapone (‘bobo’ en dialecto napolitano), protagoniza un relato onírico y picaresco en el que cambia tres veces de amo. Tommaso Cestrone es el primero y el mejor de los tres pero, pero tras el fallecimiento de este amante de la belleza que iba a salvar a la bestia del matadero, el animal acaba en manos de Pulcinella. Este bandido ataviado como su homónimo personaje de la commedia dell’arte es, en realidad, una semi-divinidad etrusca que tiene el poder de comunicarse con los muertos. Pulcinella será el causante del inicio del desencanto de los hombres, algo que el búfalo empezará a advertir. El proceso de desacralización del mundo de los mortales se completará con el encuentro con el tercer amo: el poeta Gesuino. A pesar de saberse un salvador de la Humanidad, este literato se comporta con la profana ordinariez de los Reyes Magos o el Quijote y Sancho de las alteradas fábulas de Albert Serra.

    "Bella y perdida" es una relato soñado que manifiesta la eterna rivalidad entre el hombre y la naturaleza a través de otro combate milenario: el de la pureza artística contra la mundanidad. Un contraste que Pietro Marcello enfatiza a partir de la estilización de ciertas imágenes -unos planos subjetivos del búfalo filmados con tonalidades lomográficas- o el uso de dos lenguas melódicamente antagónicas: el italiano de los monólogos de Elio Germano en contraposición al iracundo napolitano que hablan todos los personajes.

    www.otroscineseuropa.com/bella-y-perdida-de-pietro-marcello/

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